Aplausos y su alto nivel de contagio


Tanto en conciertos como en eventos deportivos, cuando alguien del público aplaude, los demás lo imitan. Al cabo de un tiempo se observa que los aplausos no tardan en sincronizarse. La explicación a este fenómeno según la psicología es que los movimientos de masas siempre parten de un individuo que rápidamente consigue suscitar imitadores.

Cabe destacar que incluso existe una fórmula matemática que expresa la velocidad con que se propaga el entusiasmo del espectador en espectador. Lo más notable es que la mayoría de las personas que aplauden no tienen intención de destacar ni mucho menos de hacerse notar, más bien se dejan llevar de una manera más bien anónima.

El que aplaude extemporáneamente no halla seguidores e incurre en un pequeño ridículo.

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Hace algunos días, científicos norteamericanos han investigado cómo se produce la sincronización; Y es que parece ser que todos los humanos tenemos dos velocidades de aplauso diferentes: La rápida y la lenta.

La primera varía mucho de unas personas a otras, en cambio la lenta viene a ser bastante parecida en todos; Es por esto, que cuando termina el concierto y todos arrancan a aplaudir con rapidez se produce un ligero alboroto, al cabo de unos instantes, todos aplauden más despacio y se establece la uniformidad. Este ritmo se mantiene un rato, hasta que una parte del público redobla de nuevo la velocidad y después de varios ciclos se agota el entusiasmo.

El contagio de aplausos

El contagio de aplausos

Vía: Pulso Digital

Daniel Zárate

Blogger y fundador de MundoTECH, actualmente dedicado a estudios de Ingeniera Informática y a la implementación de blogs como medio de información.

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